PSICOLOGÍA PARA ADOLESCENTES


El término adolescencia proviene de “adolescere”,es decir, crecer. Por tanto, es un periodo en que la persona crece – a todos los niveles – al mismo tiempo que entran en crisis sus valores.
La adolescencia se inicia a los trece años – preadolescencia- y termina finalizando los diecinueve años. Va acompañado de una rápida aceleración del crecimiento físico y, por tanto, de una variación en las dimensiones del propio cuerpo.
Según la mayoría de autores, esta fase es una transición entre la infancia y la etapa adulta caracterizada por profundas transformaciones, la mayoría de las cuales son positivas. Al mismo tiempo, el adolescente entrará en la búsqueda del sentido de las cosas que le llevarán a poder tomar decisiones por sí mismo.
Para respiro de los padres y tutores y de los propios adolescentes, esta es una etapa pasajera, temporal, fugaz, aunque aprenderá una serie de vivencias que formaran parte de su vida y de su aprendizaje psicosocial y cultural durante la vida adulta.
Por todos es conocida la afirmación de que la adolescencia es una etapa del desarrollo de las personas que está marcada por los cambios sufridos por el adolescente y el impacto en su ambiente. Es un momento crítico en el que el menor aún no ha dejado de ser un niño y se está preparando para la edad adulta. Por esto, se concentran en él una mezcla de comportamientos de los que se puede inferir una desvirtuación del concepto de madurez.

Nuestro objetivo:

– Adaptación a su nueva imagen corporal.
– Definición de su identidad a partir de nuevas experiencias y nuevos valores que van adquiriendo.
– Integración social a medida que se van independizando de sus antiguas relaciones familiares.
– Adoptando poco a poco el papel de adultos no es tarea fácil. Para los adultos que les rodean, tampoco es fácil ya que deben intentar que sus hijos, aunque no se sientan completamente comprendidos, no se sientan rechazados.

Son las relaciones interpersonales, y en concreto las familiares, las que más sufren en esta época. Muchas veces,la búsqueda de independencia entra en conflicto con las normas que los padres les imponen; y ellos se rebelan. Es importante que los padres sepan mantener la calma, aprendan a no ponerse a la altura de los adolescentes en las discusiones y tengan claro que no van a perder a su hijo si son capaces de superar esta etapa con serenidad, aceptando los cambios que sus hijos van sufriendo. La resolución de conflictos en la adolescencia suele ser exitosa casi siempre, aunque para ellos haga falta dosis muy grandes de paciencia por ambas partes.

No siempre lo consiguen solos y en ocasiones, necesitan orientación y apoyo del psicólogo tanto los padres como los hijos. La terapia suele funcionar muy bien con los adolescentes, colaboraran y se sienten por fin escuchados. De la misma manera, las orientaciones terapéuticas del psicólogo generalmente son bien recibidas por los padres, que se sienten incompetentes en las actuaciones con sus hijos y encuentran en el terapeuta un apoyo para poder seguir adelante.